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SEGUNDO PASO PARA LIBERARTE

 

En la publicación anterior planteamos la importancia de que, en lugar de evadir o reprimir tus emociones negativas, mejor las encares y aceptes prestándoles atención en el lugar y la forma que se experimentan en tu cuerpo. La clave aquí es evitar contenerlas, juzgarlas y compartirlas. Evitar contenerlas significa que no vas a tratar de frenarlas si es que experimentas que se incrementan en intensidad. Por ejemplo, supongamos que, al cerrar tus ojos, relajarte y comenzar a explorar tu cuerpo, detectas una sensación de frustración que experimentas en el centro de tu pecho. Entonces comienzas a centrar tu atención en esa sensación y tal vez notes que comienza a hacerse mayor y sentirse más intensa. Bien; simplemente la permites sin pretender detenerla y te dispones a experimentarla con la intensidad que se vaya presentando.

 

Esto atemoriza a muchos porque tienen la idea de que van a perder el control si no le ponen un alto al sentimiento y terminarán embargados por él. No te preocupes, no será así. Si, al observar la experiencia de un sentimiento doloroso notas que este incrementa su intensidad, llegará un punto en el que él mismo se detendrá y comenzará a descender hasta que disminuya significativamente o, incluso, desaparezca por completo. Cuando dejas ser una experiencia emocional negativa sin buscar frenarla, esta podrá incrementar su intensidad durante unos minutos, pero terminará por ceder y reducirse significativamente sin que tengas que hacer mayor cosa de tu parte, sólo contemplarla.   

 

Evitar juzgarlas significa que no vas a etiquetar la emoción ni vas a buscar asociarla a una situación o experiencia determinada. Tampoco te vas a regañar por experimentarla ni te vas a hacer la víctima por ello. Más bien vas a respetar la experiencia en ti asumiendo que, aunque no sepas cómo, está realizando en ti alguna función de protección, de corrección, de crecimiento o de purificación y por eso, ni juzgas la emoción ni te criticas por ello. Humildemente reconoces que, como cualquier persona, tienes la posibilidad de experimentar dolor y que dicho dolor juega un papel importante en el proceso de desarrollo personal, en especial, aquel que experimentas de manera recurrente.

 

Ahora bien, el que lo experimentes en función de una corrección, protección, crecimiento o purificación no significa que tenga que tratarse de una experiencia permanente; todo lo contrario. Más bien, cuando finalmente permitas que esa emoción negativa o ese dolor físico realicen su función en ti, entonces, y sólo entonces, se marchará de tu vida definitivamente.

 

Por su parte, el no compartirlo significa que lo experimentarás en soledad sin hacer partícipe a nadie, sea familiar o amistad, de lo que sientes. Esto es así porque, al no compartirlo, evitarás hacerte víctima y también evitarás preocupar a un ser querido. Esto no significa que no sea bueno desahogarse con alguien de vez en cuando; significa más bien que no te conformarás con sólo eso para evitar la responsabilidad de encarar tu experiencia interior de dolor de una manera profunda y efectiva, sin el consuelo y distracción de compartírselo a otros.

 

Entonces, repasando lo que significa dejar ser hay que recordar que consiste en aceptar una experiencia de dolor físico o emocional recurrente y aguda que primero identificaremos como experiencia en el cuerpo y luego contemplaremos sin contenerla, juzgarla ni compartirla. Sólo le prestaremos atención y la permitiremos durante un lapso que oscilará entre los 5 y 10 minutos como máximo. Y después ¿qué?, te preguntarás. Bueno, lo que prosigue es que DEJES IR la experiencia.

 

Dejas ser para dejar ir. Esto significa que no puedes soltar una emoción enterrada o atrapada desde hace tiempo en tu interior si no la posees de manera consciente y voluntaria, con humildad y aceptación. No puedes soltar lo que no posees. Y, como ya posees la emoción gracias a que la dejaste ser en ti, entonces podrás entregarla, podrás dejarla ir. ¿Cómo? Ofreciéndosela a Dios.

 

Dios se la llevará una vez que hayas permitido que ese dolor físico o emocional haya realizado en ti la función que haya sido destinada para realizar. Una vez que permitiste que tu sentimiento aflorara, y hasta se incrementara en intensidad, te encontrarás en posición de ofrecérsela a Dios para que, cuando Él lo disponga, te liberes permanentemente de ello sin mayor esfuerzo ni complicación de tu parte.

 

Dejar ir requirió primero de dejar ser. Dejar ir implica ser consciente de un sentimiento, dejarlo crecer, permanecer en él y permitir que siga su curso sin querer que sea diferente ni hacer nada con relación a él. Significa, simplemente, dejar que el sentimiento esté ahí y centrarte en dejar correr la energía que conlleva. El primer paso es permitirte sentir la sensación sin resistirte a ella, sin expresarla, sin temerla, condenarla ni juzgarla. Se trata de abandonar el juicio y descubrir que sólo se trata de una sensación. Soltamos la resistencia a ella. Es la resistencia lo que alimenta la sensación; “lo que resistes, persiste”. Cuando dejas de resistirte o de intentar modificarla, pasas al próximo sentimiento, que vendrá acompañado de una sensación más llevadera. Una sensación a la que no te resistas desaparecerá a medida que se disipe la energía que la sustenta.

 

Suelta el miedo o la culpa que experimentas respecto al sentimiento que resistes y permite la dolorosa sensación que lo compone. Céntrate en la sensación, no en los pensamientos que la acompañan. Los pensamientos son interminables, se refuerzan entre ellos y solo engendran más pensamientos. No son más que racionalizaciones de la mente para tratar de explicar la sensación. La verdadera razón de ser de la sensación es la presión acumulada tras ella, que la fuerza a salir en este momento.  Los pensamientos y los acontecimientos externos son solo excusas inventadas por la mente.

 

Estar entregado significa no tener emociones intensas con respecto a algo; está bien si pasa y está bien si no pasa. Cuando somos libres, se entregan los apegos. Podemos disfrutar de algo, pero no lo necesitamos para ser felices. Poco a poco disminuye la dependencia de todos y de todo lo que está fuera de uno mismo. 

 

A veces, entregamos un sentimiento y nos damos cuenta de que retorna y continúa. Esto se debe a que todavía hay más de él para entregar. Hemos llenado nuestras vidas con todos esos sentimientos y puede haber una gran cantidad de energía reprimida que necesite ser reconocida y salir. Cuando se produce la entrega (ofrenda) se produce un alivio inmediato, una sensación de dicha. Al dejar ir continuamente es posible permanecer en ese estado de libertad. Los sentimientos vienen y van, y, con el tiempo, te das cuenta de que no eres tus sentimientos; el verdadero “tú” se limita a presenciarlos. Dejas de identificarte con ellos.

 

Dejar ir los sentimientos negativos disuelve al ego que se resistirá a ello. Deja que la resistencia esté ahí y "no te resistas a ella". El ego perderá terreno e intentará trucos y trampas. Si comenzamos a soltar, sus días están contados y su poder disminuye. Cuando lleves un tiempo soltando y hayas comenzado a experimentar lo que realmente está pasando, te reirás de tus pensamientos. Perseguir pensamientos puede desgastarte inútilmente todo el tiempo.

 

Dentro de nosotros, pero al margen de nuestra conciencia, está la verdad de que ya sabemos todo lo que necesitamos saber. Esto sucede de forma automática.

En ocasiones te sentirás atrapado por un sentimiento particular. Basta con rendirte a la sensación de estar atrapado. Déjala estar ahí y no te resistas. Si no desaparece, dejar ir la emoción por partes. Deja, en definitiva, que las cosas sucedan en tu interior sin juzgarlas, sin resistencia y te irás familiarizando progresivamente con la experiencia del flujo de la vida.

 

 

Entonces, cuando te hayas permitido la experiencia de dolor, aceptándola y contemplándola con atención, dirígete a Dios de la siguiente manera: “Señor Dios mío, te ofrezco esta experiencia de dolor para mi mayor bien y el de todos los implicados.

¡Así sea! ¡Gracias! ¡Te amo! "

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Comentarios: 1
  • #1

    Elva Cárdenas (sábado, 24 abril 2021 18:04)

    Así sea �